Espinaredo (Piloña)
El territorio que ocupa el actual concejo de Piloña fue habitado por el hombre desde los tiempos paleolíticos.
Los diversos restos arqueológicos encontrados en las cuevas piloñesas de Aviao, en Espinaredo y la de Sidrón en el Cantu Llanderu, demuestran que el territorio que hoy ocupa el concejo, fue habitado desde tiempos prehistóricos.
Los vestigios megalíticos se extienden por toda su geografía, poniendo de manifiesto una intensa ocupación como lo demuestran los diferentes estudios arqueológicos realizados.
Los Castros, pertenecientes a la Edad de Hierro, cuyo objeto era facilitar la defensa de su enclave, también están presentes en nuestro concejo; sirvan como ejemplo el castro de Argandenes, el de la Forca en Lodeña, el Cierrón en Castiello, el del Picu Viyao y el de la Coroña de Castru, situado entre nuestro concejo y los de Nava y Cabranes.
De la época romana destacamos la diadema de Moñes, considerada como una de las muestras de orfebrería más importantes de Asturias, así como las estelas de Borines y Villamayor.
La Batalla de Covadonga abre una nueva página de nuestra historia. De esta época subsiste, reflejada en nuestro escudo, una antigua tradición: Pelayo acompañado por un único escudero y perseguido por los moros, cruzó el río por Pialla, pero su escudero al llevar el río mucha agua no se atrevió, así fue que el rey Pelayo lo animaba con estas palabras: "Adelante mi escudero, que mi caballo pie halla".
Con el paso del tiempo, la división territorial ha sufrido diversos cambios hasta llegar a la demarcación actual, que consta de 24 parroquias.
TERRITORIO
Su territorio está configurado por un valle fluvial que lo recorre de oeste a este y por dos grupos de cadenas montañosas, al norte la Sierra Sueve y el alto La Llama, y al sur los Cordales de Ques, Sellón, Bedular, Aves, Pesquerín y Giblaniella.
Las cumbres más altas en su parte del Sueve son La Múa (1003 m), Maladín (976 m) y Oviñes (874 m); y en el resto del accidentado territorio, las de Vizcares (1420 m), Maoño (1418 m), Cerro Rosellón (1125 m), Conio (1625 m) y Canto del Águila (1267 m).
Los ríos principales son el Piloña, que le da nombre al municipio y desagua en el Sella, en Arriondas; y sus afluentes los ríos de La Marea o Mon, que nace en Caso, Espinaredo o Nueva, Color y Tendi, que corren de sur a norte, y el Borines, que baja de los salutíferos manantiales de las faldas del Sueve.
La capital es Infiesto, término procedente del latino infestum (Enhiesto, pendiente), está al oeste del concejo en el valle del Piloña.
Otros núcleos relevantes son Sevares y Villamayor, en las fértiles vegas fluviales de la depresión central; Sorribes, La Goleta, Cereceda, Miyares, Vallobal y Borines en las faldas del Sueve; Pintueles, Anayo, Lodeña y Coya al noroeste; y Cardes, Ques, Beloncio, Óvana, Lozana, Riofabar y Espinaredo entre los pliegues de las abruptas sierras
El concejo ofrece gran multitud de platos y preparados típicos, diferentes y ajustados a los más variados gustos.
GASTRONOMIA
Su cultura culinaria está directamente vinculada con la idiosincrasia del concejo, su clima, sus costumbres y el carácter de sus habitantes. En función de las actividades que se desarrollan en el territorio y del fruto que da su propia tierra, los piloñeses son especialistas en la preparación y degustación de cuatro elementos básicos de su cocina.
El concejo posee abundancia de especies y gran reserva de caza. Venados, corzos, rebecos y jabalíes, piezas habituales de los miles de aficionados a la caza que acuden habitualmente a este lugar, dan gusto a los platos que preparan sus restaurantes.
JORNADAS GASTRONÓMICAS
Fiesta celebrada a mediados de Febrero, donde participan una gran cantidad de restaurantes repartidos a lo largo del concejo, siendo la caza una de las estrellas de la gastronomía.
Los platos ( guisos, asados y cocidos), se suelen encontrar preparados con piezas de caza mayor, tales como jabalí, corzo, venado, ...
La avellana
Infiesto es considerada en Asturias como la capital de la avellana. Dentro de su economía agrícola, el cultivo de árboles frutales, como el manzano o pomar, del que se obtiene la sidra, y el avellano, juega un papel importante. La producción de este último ha repercutido notablemente en su oferta gastronómica en los últimos años, hasta el punto de convertirse en uno de los elementos más conocidos y famosos de su mesa, siendo la tarta de avellana una de las señas de identidad del municipio.
ARTE
La riqueza cultural y artística de Piloña se concentra, fundamentalmente, en su arquitectura. A lo largo y ancho del concejo, se ubican decenas de construcciones religiosas y civiles, a través de las cuales se puede recorrer una parte de la historia de la Europa Occidental.
De todo ello, el patrimonio románico y medieval de sus construcciones religiosas es el principal tesoro del municipio, proliferado, en parte, gracias al Camino de Santiago que lo atraviesa.
La Iglesia de San Pedro de Villamayor y la iglesia de Santa María de Villamayor, y concretamente su ábside y su puerta sur, perfectamente conservadas, son las principales muestras de esta etapa artística.
En este lugar existía, desde el siglo X, un monasterio de monjas benedictinas, clausurado por el Obispo de Toledo en el siglo XV, debido a la vida poco decorosa que llevaban sus habitantes. Fue reformado en el siglo XVIII, y actualmente constituye una reliquia para todo el concejo.
La iglesia de San Juan de Berbío es del mismo periodo. También formaba parte de un monasterio, fundado por Alfonso V, y más tarde pasó a regirse bajo el patronato del monasterio de San Pedro de Eslonza, en León (1099), hasta comienzos del siglo XIX. Fue templo parroquial de Infiesto hasta 1892.
Santa Eulalia de Ques es también una muestra interesante del románico. Pese a que el paso del tiempo la ha desfigurado, la iglesia conserva restos de su primitivo estilo.
También merece mención San Pedro de Beloncio, templo de carácter rural que conserva detalles de un tardorrománico visible. La sacristía está fechada en 1726, y el resto del edificio se compone de posteriores añadidos, pero fundamentalmente se remozó en la primera mitad del siglo XVIII.
La Iglesia de Santa María de Lodeña también tiene origen románico y conserva canecillos y otros elementos de los siglos XI y XII.
De esta época es también la portada de la iglesia de Sorribes, aunque el edificio data del siglo XVIII. Sus elementos románicos provienen del desaparecido monasterio de Soto de Dueñas.
Otras construcciones que conservan ciertos detalles románicos son San Martín de Borines y Santa María de Anayo. Las dos aparecen citadas como donación del rey Ramiro II (931-951) a la iglesia de Oviedo. En la primera se mantiene un arco de medio punto en la portada occidental, mientras que en la segunda existe una lápida fechada en 1177.
En la parroquia de Ques también se sitúa otro elemento interesante: el Santuario de la Virgen de la Cueva. Se trata de un antiguo y bello espacio reservado para el culto religioso. Pese a no conservar su aspecto original, el complejo sigue siendo de gran atractivo turístico y arquitectónico. Los primeros datos al respecto, son del siglo XVI, cuando se erige la capilla de la capellanía de Nuestra Señora de la Concepción.
En el siglo siguiente se construirían otras tres capillas, dedicadas a la Virgen del Carmen, a San José y al Santo Cristo. En el siglo XVIII se levantó la correspondiente a la Virgen de La Cueva. Las sucesivas reformas han modificado su aspecto inicial, pero el entorno, acompañado por el Campo de Los Romeros y el río de la Cueva, no pierde su encanto y su tradición.
Arquitectura civil
Si las iglesias destacan en el aspecto religioso, en el civil, además de los palacios, son las casonas las que marcan las diferencias.
Sin salir de la capital del municipio, Infiesto, encontramos dos ejemplos de este tipo de inmuebles. Uno de ellos es la Casona de los Cobián, en el extremo de la plaza mayor, y otro de singular belleza, es la Casona de Los Argüelles, del siglo XVIII. Se trata de un edificio rectangular de dos plantas, con portada de medio punto y escudo de armas. Hoy por hoy constituye uno de los mejores ejemplos de la arquitectura asturiana llevada a cabo por la nobleza rural de la época.
En la parroquia de Villamayor, merece una visita la Casa de Argüelles, en la finca de Les Huelguas.
Arquitectura popular
A lo largo de sus pequeñas aldeas, el visitante tiene a su disposición una centena de casas rurales, de bella factura, donde poder alojarse, y desde ellas conocer la parte más esencial de la cultura y la idiosincrasia asturiana. La mayor parte de ellas están organizadas en torno al colectivo Aspitur, Asociación Piloñesa de Turismo Rural.
Fuente Ayuntamiento de Piloña + en Ayuntamiento de Piloña |